Esta mañana de sábado como el fruto no había experimentado cambios, más que en el olor que cada vez era más fuerte, he decidido arrancar cada uno de estos pichirulos blancos y guardarlos en una caja de plástico. El otro día estuve jugando con uno de ellos: arrancando los hilillos blancos, aplastandolo contra la mano, haciendo una bolita, etc. y fue sorprendente para el tacto al comprobar que son realmente suaves.
